El orden del espacio del coro expresa también la vida interior de quienes sirven: ayuda a cantar con sobriedad, evita distracciones y favorece la oración de la asamblea.
El coro forma parte de la asamblea y ejerce un ministerio litúrgico. Por eso, también debe cuidar el modo exterior de estar, ubicarse y organizar el espacio donde canta. El lugar del coro no es un espacio indiferente: forma parte del ámbito celebrativo y debe ayudar a la oración de la comunidad.
Fundas de instrumentos, mochilas, abrigos, papeles sueltos, atriles mal ubicados, cables desordenados, botellas u objetos personales visibles pueden generar distracción y restar sobriedad al servicio litúrgico. Cuidar el espacio físico no es una cuestión meramente estética: también expresa respeto por la celebración, por la asamblea y por el ministerio que se está realizando.
Lo exterior expresa nuestra vida interior. El orden, la prolijidad y la sobriedad manifiestan que el coro sabe dónde está, qué celebra y a quién sirve. Un coro bien dispuesto no necesita llamar la atención: su presencia ordenada ayuda a que el canto esté verdaderamente al servicio de la liturgia.
Este cuidado exige preparación previa. No conviene improvisar durante la celebración, buscar cantos mientras la Misa transcurre o resolver en medio del rito lo que debería haberse preparado antes. Esa improvisación impide que los mismos integrantes del coro participen plenamente y, además, puede distraer a la asamblea.
También los ensayos forman parte del ministerio del coro. En ellos no solo se aprende una melodía o se ordenan las voces: se prepara el servicio litúrgico, se eligen los cantos adecuados, se acuerdan los momentos de intervención y se cuida que la celebración pueda desarrollarse con serenidad, participación y oración.
Criterios prácticos
Llegar con tiempo para preparar el lugar antes de la celebración.
Dejar visibles solo los instrumentos, atriles y materiales necesarios.
Ordenar cables, micrófonos, papeles, partituras e instrumentos, antes y después de la celebración.
Elegir y preparar los cantos antes de la celebración, no durante ella.
Reconocer que los ensayos también forman parte del ministerio del coro.
Mantener una actitud corporal sobria, orante y atenta.
A la hora de preparar el espacio del coro, podemos preguntarnos:
¿El lugar donde cantamos ayuda a la oración de la asamblea o genera distracción?
¿Llegamos preparados para servir y participar, o improvisamos durante la celebración?