Los cantos de adoración y oración ayudan a alabar, contemplar y responder al Señor, pero deben expresar la fe de la Iglesia y ser usados en el lugar para el que fueron pensados.
Los cantos de adoración y oración tienen un lugar muy valioso en la vida espiritual de las comunidades. Pueden ayudar a la alabanza, la súplica, el silencio, la contemplación y el encuentro personal con el Señor, especialmente en la adoración eucarística, retiros, vigilias, catequesis, encuentros pastorales y momentos de oración comunitaria.
Sin embargo, no todo canto adecuado para la oración es necesariamente adecuado para la Misa. En la celebración eucarística, el canto está unido a un rito concreto; en la adoración o en otros momentos de oración puede tener un lenguaje más meditativo, contemplativo o personal. Reconocer el lugar propio de cada canto no lo desvaloriza, sino que permite usarlo mejor.
También en estos cantos es necesario cuidar el contenido. La oración cristiana no se encierra en un sentimiento individual ni en una experiencia intimista: el encuentro con Dios abre siempre el corazón a la Iglesia, a los hermanos y a la misión. Por eso, conviene evitar letras demasiado centradas en el propio sentimiento, sin referencia clara a la fe, a la comunidad o a la vida cristiana.
Además, los cantos de adoración y oración deben expresar la fe de la Iglesia. No sería adecuado incorporar cantos que presenten una comprensión confusa de Dios, de Cristo, de la Eucaristía o de la vida espiritual, ni cantos creados desde una comprensión religiosa distinta de la fe católica.
Más allá de que no todos sean estrictamente litúrgicos, siempre será bueno que estos cantos se inspiren en la Palabra de Dios. Ella es la gran fuente de la oración cristiana: Dios mismo pone su Palabra en nuestra boca para que podamos adorarlo, escucharlo y dialogar con Él.
Criterios prácticos
Elegir cantos que favorezcan la adoración, la alabanza, la súplica o la contemplación.
Cuidar que la letra exprese claramente la fe de la Iglesia.
Evitar textos demasiado intimistas o centrados solo en el sentimiento personal.
Distinguir entre cantos para la Misa y cantos para adoración, retiro u oración.
Preferir cantos inspirados en la Palabra de Dios.
No incorporar cantos creados desde una comprensión religiosa distinta de la fe católica.
A la hora de elegir un canto para adoración u oración, podemos preguntarnos:
¿Este canto expresa la fe de la Iglesia y ayuda a encontrarnos verdaderamente con el Señor?
¿La oración que propone nos encierra en nosotros mismos o nos abre a Dios, a los hermanos y a la misión?